Viajar a un Hotel Todo Incluido en Grecia con alergias alimentarias

Viajar a un Hotel Todo Incluido en Grecia con alergias alimentarias

03/10/2019 | En ALERGIAS ALIMENTARIAS, VIAJAR CON ALERGIAS

En todos los artículos que he escrito sobre viajar con alergias alimentarias, una de las recomendaciones que siempre he hecho es evitar a toda costa dejar en manos de terceros la organización de nuestras comidas en los viajes. Cuantos más intermediarios existan, más posibilidad hay de que nuestro mensaje no llegue como se debe, por lo que, siempre es mejor que nosotros mismos seamos los que organicemos de primera mano nuestro viaje.



En este caso en concreto del que les voy a hablar ahora, es totalmente diferente, ya que es un viaje “sorpresa” que no organicé yo y no tuve posibilidad de elegir el alojamiento. Desde que sabía que iba a viajar a Grecia (hace un año), me puse en contacto con el organizador para comentarle que necesitaba informar con mucha antelación mi situación sobre las alergias alimentarias para asegurarme que en el hotel podrían hacer todo lo posible y además, necesitaba comprar los billetes para viajar hasta allá.

Aclarar también que Grecia es un país con muchas islas, y no es lo mismo viajar a los destinos más turísticos y conocidos (Atenas, Mykonos, Corfu…) que viajar a los que no lo son tanto, como en mi caso, a la isla de Rodos en el archipiélago del Dodecaneso.




¿Me acompañas?

Organización Pre- Viaje


CONTACTO CON EL HOTEL TODO INCLUIDO



Pues bien, desde el momento que me puse en contacto con el organizador, me dijeron que no me preocupara, que aún era muy temprano para informar, así que me pasé durante 9 meses insistiendo, hasta que finalmente una semana antes me comunican el nombre del hotel e intento ponerme en contacto con ellos. Es la agencia la que responde ante mi petición informando que “nunca antes habían tenido casos de clientes con alergias, ya que es una isla de 15.000 habitantes y que no sería posible sacar la comida de la cocina”. Me explico mejor; mi petición al hotel fue la posibilidad de elegir las cosas que quería comer desde el buffet y que pudieran hacer el favor de sacarlo de dentro de la cocina para evitar el contacto cruzado con otros alimentos que se pudiera dar en el buffet.

Yo ya estaba empezando a entrar en pánico con esa respuesta UNA SEMANA ANTES DEL VIAJE y me temía lo peor en la isla. Estaba convencida de que no sería lo mismo intentar explicarlo por teléfono o por email que viéndonos en persona, sobre todo porque no entendían muy bien mi inglés y me daba la sensación de que se asustaban ante lo desconocido de las alergias.


ORGANIZACIÓN DE DOCUMENTACIÓN PARA EL VIAJE


Me puse manos a la obra y esta vez una de las primeras cosas que quería hacer sí o sí era traducir yo misma los alérgenos al griego, puesto que cuando viajé a Croacia solo los llevé en inglés pensando que no me los encontraría en el idioma local. Además de imprimir de nuevo y plastificar la tarjeta de identificación de alergias en inglés (puedes conseguir la tuya gratuitamente aquí), preparé en un papel la traducción de los alérgenos que me afectan en griego.

Por supuesto, nunca debe faltar la tarjeta sanitaria europea (en el caso que viajes a Europa) y el informe médico. Normalmente el informe siempre lo tenemos en español y no lo vamos sacando en todos lados (para eso está la tarjeta, que es mucho más sencilla y cómoda de leer para otros). Para lo que realmente sirve el informe, o por lo menos a mí me ha servido como tal, es en el caso de las aduanas de los aeropuertos, si me paran por llevar comida o la adrenalina y me dicen algo al respecto, les enseño el informe para que puedan comprobar que es un caso real. Últimamente desde que he estado viajando, ya no dicen nada acerca de la comida o la adrenalina, y supongo que será porque cada vez está más normalizado el hecho de que haya muchas personas con dietas especiales y no deben obligarnos a consumir dentro del aeropuerto si nuestra condición de salud nos lo impide.

PREPARACIÓN DEL KIT DE EMERGENCIA Y ALERGIKIT

En esta ocasión, a diferencia del viaje a Bélgica y a Croacia donde tenía un apartamento para cocinar yo sola, la comida que me llevaría sería solo para el primer día en el que estaría 24 horas viajando, así que no me tuve que preocupar demasiado en ello. Preparé unos sándwiches de hummus con embutido para la cena antes de coger el primer vuelo y las tortitas sin huevo, sin leche y sin gluten para desayunar.






El almuerzo ya lo tenía resuelto porque hacía escala en Bélgica y vería a mi hermano que nos llevaría al mismo lugar donde comí la última vez con mi madre y con mi hermano, donde me fue muy bien.




ORGANIZACIÓN ITINERARIO DE OCIO 

A diferencia del viaje de Croacia y Bélgica, esta vez el hecho de hacer excursiones por nuestra cuenta de un día entero estarían limitadas por no poder cocinar y llevar nuestra propia comida, así que me limité a hacer una lista de los lugares de interés que podrían gustarnos y repartirlos por zonas de la isla. Solo hubo una ocasión que pasamos un día entero fuera (te lo contaré en el día por día a continuación).

 

Día 1: Gran Canaria - Madrid- Charleroi (Bélgica) - Rodas

No me gustan nada los viajes tan largos y con tantas escalas en los que no puedes descansar bien ni estar cómodo. Soy de las que pasa mucho frío en los aviones y aeropuertos, y al ser isleña, siempre pienso que va a hacer el mismo calorcito que en Canarias y no me llevo el suficiente abrigo. El primer vuelo, además, era a las 23:50 de la noche, por lo que pasaríamos la noche en el siguiente aeropuerto. Además, me entra ansiedad de comer y me pasaría todo el viaje comiendo, por lo que, si se me acaba la comida, me pongo de mal humor (soy alérgica, pero me encanta comer :) 

Me salvó del mar humor un capuccino calentito que pedí en una máquina de Starbucks (no me gusta el café, solo en capuccino y cuando estoy fuera de casa o de viaje, que es donde realmente lo disfruto). Lo acompañé con mi tortita de desayuno y fue un buen inicio antes de coger el siguiente vuelo.

Lo que más me gustó de tener tantas escalas, es que tuve la suerte de volver a ver a mi hermano y además, pasar algunas horas con él.

Nos llevó a un mercadillo local, a tomar unas cervezas de frutas (a las 11 de la mañana) y a comer un brunch a un sitio de tacos que ya había visitado anteriormente.

Ya teníamos las pilas cargadas para el último trayecto del viaje, y, por fin, a las 20:00 llegamos a nuestro destino, Rodos. Tuvimos que coger dos guaguas (autobuses) para llegar al hotel, que tardaron dos horas (no por la distancia, sino por las vueltas que daban), así que desde el minuto uno supimos que tendríamos que alquilar un coche para movernos.

Al llegar al hotel a las 22:00 de la noche, no llegábamos a tiempo al buffet, por lo que tuvimos que comprar en un bazar 24 horas algo para comer. Yo compré un yogurt griego con galletas digestive. No sabía si tenía más hambre que sueño o sueño que hambre, pero desde luego que necesitaba reponer fuerzas para el día siguiente, así que enseguida me dormí.

 

Día 2: Visita ciudad Medieval Rodos

El primer día de un viaje para mí siempre suele ser de reconocimiento de la zona, conocer a los empleados del hotel para que conozcan mis alergias y familiarizarme con los centros de salud u hospitales que hay cerca. Lo primero que hice, fue dirigirme al buffet en el desayuno de la mañana y cuál fue mi sorpresa al hablar con la responsable cuando me dijo que no estaban informados de nada sobre mis alergias. Empezábamos bien. Me costaba mucho entenderme con ellos, porque no hablaban tanto inglés y no entendían el concepto de alergias. Creían que era celíaca (aunque creo que tampoco sabían mucho lo que eso significaba). Después de estar tanto rato hablando, haciendo señas y preguntando si me podían enseñar los ingredientes de algunas cosas como el pan (cosa que no solían hacer porque decían que habían tirado los paquetes), me sacaron varias cosas aptas para celíacos que ya estaban abiertas y quizás un poco pasadas (en esos casos siempre me resigno, porque ya nada podía hacer). Estuve varios minutos descifrando y traduciendo etiquetados y sobre todo, tenía que intentar consumir lo más puro y menos procesado posible para no arriesgarme, por lo que, a partir de ese momento, mis desayunos se basaban en: pan negro (muy amargo para mi gusto) con pavo, yogurt griego con cereales, naranja y té.




Cada día que iba al desayuno, la persona de por la mañana me miraba con cara de “la pesada esta otra vez” y me sentía una molestia, pero no podía hacer otra cosa, así que te acabas acostumbrando a las malas caras. Sé lo que es el que muchas veces parezca que estamos pidiendo cosas y nos traten como si nos estuvieran perdonando la vida. La comida es una necesidad y no un capricho.

Tras la odisea del desayuno y la primera toma de contacto con los empleados del hotel, fuimos a visitar los alrededores más cercanos de la ciudad (A 8 minutos en coche del hotel teníamos el centro).





Me llamó mucho la atención que la ciudad estuviera llena de gatos y estuvieran tan bien considerados. De hecho, había hasta un rincón con mantas para gatos y una hucha para ayudarles con su alimentación. Evidentemente, no me acerqué a ninguno por la alergia que les tengo, pero es curioso cómo muchos animales están tan bien considerados en otros países.

A la hora de la comida, me tocaba conocer al cocinero de ese turno para explicarle lo mismo que el de la mañana, y prácticamente me encontré en la misma situación en la que no me entendían bien y tampoco comprendían porqué tenían que sacar la comida de dentro. De hecho, tuve que pedirle por favor a la misma persona de por la mañana que no cogiera mi comida con los mismos guantes y me miró mal (veía que con los guantes tocaba TODO, y eso es un factor de riesgo para nosotros). Prefiero que me miren mal una vez antes que correr para el hospital ante una reacción. Mi primera comida fue la siguiente; tampoco estaba nada mal y por lo menos comía algo variado y nutritivo.






Una de las cosas que me dijeron es que debería estar desde el principio de cada turno para asegurarme que habría comida suficiente para sacar de la cocina, así que me limitaba más para ver la isla, pero tenía que adaptarme a ello (tenía que estar siempre a las 13:00 del mediodía y a las 19:00 en la cena).

Por la tarde, fuimos a un sitio más lejano al que estaba deseando ir: una cala a ver el atardecer (aunque por el hecho de tener que estar temprano en la cena tampoco nos dio mucho tiempo). Me encantó el que no hubiera tantos turistas y el agua no estuviera tibia (yo estoy acostumbrada al océano atlántico, donde el agua está bastante fresca).

En el turno de cena, conocí al chef que sería mi salvación para el resto del viaje, pues además de que se le notaba que le encantaba su trabajo, hacía lo posible porque yo comiera bien y variado. Prácticamente no tuve que explicarle nada; veía que se quitaba los guantes y se lavaba muy bien las manos, limpiaba las superficies y los cubiertos que iba a utilizar para manipular la comida y, además, le explicaba a sus compañeros mi condición (él hablaba un poco más de inglés).

Yo nunca había probado el famoso “salsiki” y tenía ilusión de probar algo típico de Grecia. Como nunca contemplé ir a comer fuera, me conformaba con lo que ponían en el hotel. Pregunté bien los ingredientes de la salsa y el pan de pita y pude disfrutarlo durante varios días.

 

 

Día 3: Visita Coliseo de Rodas,  parque de laciudad y Kalithea


Soy de las que disfruta mucho más en la naturaleza que en los lugares históricos y culturales (no por nada, sino que ha llegado un punto en que confundo muchas ciudades porque hay elementos que me parecen iguales). En cambio, con la naturaleza me pasa algo diferente, y es que le encuentro un encanto especial y distinto a cada playa, montaña, barranco o hasta el propio olor del lugar.


 

En este día, decidimos visitar la parte histórica de la ciudad, que estaba combinada con unas excelentes vistas (lo que me encanta a mí) y naturaleza a su alrededor.

 

 

Como decía antes, teníamos que aprovechar muy bien nuestro tiempo, teniendo en cuenta que teníamos que volver al hotel al principio de cada turno. A veces, me apuraba bastante, pero conseguíamos llegar, que era lo importante. Los almuerzos no me satisfacían tanto como las cenas de mi chef preferido, pero no me puedo quejar, porque comía bastante bien y no me quedaba con hambre (que es el requisito mínimo que tenemos a la hora de viajar). 

Después de almorzar, nos apetecía buscar un lugar tipo parque de la ciudad para ver algo más que playa y arquitectura, y encontramos uno bastante tranquilo. Estaba lleno de gatos y patos, de los que me tenía que alejar por la alergia (tengo alergia a los pelos de animales y plumas). 

 

 

¿Sabes esa sensación cuando planeas algo y luego no sucede como lo habías planeado pero es mejor? Pues eso sucedió cuando organicé una visita a un balneario, que nos equivocamos de camino y acabamos en una playa, al lado,  presenciando un atardecer muy bonito con camas balinesas, tarimas de madera, agua en calma y un ambiente muy relajado.

 

 

Día 4: Día entero de ruta sureste (Tsambika, Lindos y Agathi) 

Esta era la única ruta entera que haríamos pasando un día completo fuera del hotel, por lo que inevitablemente tenía que buscar la manera de organizarme la comida por mi cuenta. Lo que se me ocurrió fue desayunar fuerte y hacer un brunch (breakfast + lunch / desayuno + almuerzo)  comprando en el supermercado cosas básicas y seguras que pudiera combinar: yogur, fruta, zumo y galletas.

Como íbamos a hacer tres paradas, también compramos bastante agua teniendo en cuenta que subiríamos una montaña (hay muchas personas que están acostumbradas a beber agua del grifo cuando viajan; yo al ser de una isla estoy acostumbrada a beber agua embotellada porque el agua no es potable en los grifos de las casas).


 

Visitamos el lugar más turístico de la isla (Lindos) y nos perdimos por las calles griegas tan bonitas que había (el hambre se portó bien y no apareció durante toda la tarde), incluso hicimos otra parada en una playa para ver atardecer

 

 

Esta vez sí que nos retrasamos en la cena porque no encontrábamos el coche y nos habíamos equivocado de camino, pero no fue ningún problema para Theo, mi chef preferido. En esta ocasión, había una pasta gratinada al horno que tenía muy buena pinta pero la salsa llevaba champiñones (soy alérgica). Theo tenía preparada una salsa para hacerla a la sartén al momento cuando yo llegara para también poder disfrutar de la comida.





Me encantó el detalle, como siempre, y lo valoré montón. Al final con estas cosas acabas desarrollando un vínculo y afecto con los empleados del hotel. 

 

DÍA 5: Día cultural por la ciudad Medieval

 

Esta vez era el turno de que mi acompañante disfrutara de lo que le gustaba: la historia y la arquitectura, así que visitamos por la mañana el museo arqueológico de Rodas, uno de los más famosos del mundo


A la hora de comer, repetí pan de pita con salsiki y pollo (me encantaba la combinación).

 

 

Volvimos a la ciudad por la tarde para perdernos entre sus calles y visitar el castillo. Me seguía impresionando la cantidad de gatos y de bien cuidados que están.





DÍA 6: Visita al Valle de las Mariposas

 

Una de las visitas que más ilusión me hacía hacer era al Valle de las mariposas, un lugar rodeado de naturaleza pura en el que la resina de los árboles atrae a un tipo de mariposa típica de Rodas, lo que hace que el lugar sea mágico. Empezamos a recorrer el valle cuesta arriba siguiendo el hilo de la cascada central, donde estaban las mariposas. El final del camino era un templo





 

Terminamos nuestro último día paseando nuevamente por la ciudad medieval al atardecer, ya que al día siguiente nos esperaría un laaargo viaje.

 

DÍA 7: Vuelta a casa

Lo más destacable del viaje de 24 horas de vuelta, estar encerrada en el avión durante 2 horas y media antes de volar y todo un día sin dormir es el momento que estaba esperando de comer un bocadillo de jamón ibérico en el aeropuerto. Esta vez pedí pan sin gluten y me lo trajeron caliente y empaquetado, con todos los utensilios aparte para que yo misma pudiera manipularlos sin riesgo de contaminación cruzada.

 

 

Espero que te haya gustado este viaje. Lo que he aprendido una vez más es que somos alérgicos, pero no tenemos límites, el límite nos lo ponemos nosotros. Siempre hay alternativas para disfrutar y tener un estilo de vida como el resto del mundo.

Un #besosintrazas para ti 

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