La historia de una multi-alérgica alimentaria hace 27 años, al desnudo

La historia de una multi-alérgica alimentaria hace 27 años, al desnudo

05/06/2019 | En ALERGIAS ALIMENTARIAS, ALERGIAS EN CENTROS ESCOLARES

ÉRASE UNA VEZ …

Un bebé que, con la introducción de los alimentos en su dieta, comenzó a experimentar reacciones adversas provocadas por su propio organismo y su familia no sabía porqué sucedían.

A sus 8 meses de vida, le diagnosticaron múltiples alergias alimentarias y  le preescribieron como tratamiento una dieta de exclusión a la leche, huevo, pescado, marisco, crustáceos, frutos secos, kiwi, fresas y plátano. Si hoy en día, las alergias siguen siendo las grandes desconocidas, imagina hace 27 años lo que pudo suponer el desconocimiento, cuando no existía ni regulación de etiquetado de alérgenos. En la guardería, era una lucha constante. Los trabajadores de comedor no entendían que comer ciertas cosas le hacían daño y, aún así, la obligaban a comérselo, lo que le producía más reacciones.

Antes que continuar con la historia, quiero que sepas que esa niña era yo, y de los pocos recuerdos que tengo de la infancia, la mayoría están relacionados con momentos que tienen que ver con reacciones alérgicas o sentimientos negativos derivados de ella, pero no solo me quiero quedar en esos recuerdos, sino en cómo conseguí hacer de mi diagnóstico un propósito ¿Te apetece leer mi historia?

MIS PRIMEROS AÑOS DE VIDA CON ALERGIAS

Por aquella época, al menos en donde yo resido (islas Canarias), no existían las grandes superficies y mucho menos los alimentos tan procesados que comemos hoy en día, pero aún así, fui consentida comiendo lo mismo cada día porque  “pobrecita, no podía comer casi nada”.

Desayunaba cada día un vaso de leche con galletas (ya había superado la alergia a la proteína de leche de vaca), y cenaba fideos con carne boloñesa. Cuando asistía a almuerzos y cenas familiares, lo pasaba muy mal porque también soy alérgica al polvo, humo del tabaco, animales (mascotas) y  alergia por inhalación al marisco y pescado, y era lo que casi siempre cocinaban. Por ese entonces, era más difícil lidiar con esas situaciones porque no se entendía la gravedad de las mismas. En la mayoría de los eventos familiares, terminaba en urgencias.

En el colegio, comenzaron a hacerme bullying por mis manos y mi piel; ya que era muy notable que tenía dermatitis atópica e hiperlinearidad palmar (mi historia completa de bulliying aquí) . Todo eso me traumatizó por muchos años e hizo de mí una niña insegura y sensible, aunque como ves, siempre estaba feliz por fuera:

MIS ADOLESCENCIA CON ALERGIAS

Mi adolescencia fue la época más insegura y donde más tenía minada mi autoestima. El bulying que recibí en el colegio me había marcado, y me sentía insegura hasta enseñando mis manos (por la dermatitis atópica). Nunca le daba la mano a nadie ni me dejaba tocar, porque al final siempre me hacían los mismos comentarios hirientes en público y quería evitarlo a toda costa. Descubrí que era alérgica al látex por ese entonces, pero tardé mucho tiempo en averiguarlo. Por este entonces, además, seguía sin variar mucho mi dieta; me aficionaba a cenas copiosas como macarrones con salsa de tomate, hummus con pan de pita o sándwiches de mortadela con un vaso de leche y nesquik. No sabía comer muy bien, pero es que nunca me habían dado pautas para hacerlo porque solo tenía indicaciones de llevar una dieta de exclusión a los alimentos a los que soy alérgica.

EL CLICK FUE GRACIAS A UN VIAJE

Toda esta situación comenzó a cambiar cuando a mis 17 años empecé a viajar sola (sí, con alergias alimentarias), y me percataba de que hay mucho más mundo del que yo conocía. Al principio, viajaba por estudios o viajes organizados, y a pesar de eso, también había tenido algunos problemas fuera porque a veces se pierde el control de la situación. En el año 2013, me arriesgué a hacer un viaje de voluntariado por las siete islas canarias durante 35 días de manera nómada, RUTA SIETE ULPGC. Un viaje que me hizo ver la vida de otra manera. Allí, las personas que compartieron el viaje conmigo, se adaptaron siempre a mis restricciones para que todos pudiéramos comer lo mismo (rotábamos cada semana de grupo). Era la primera vez que me sentía integrada socialmente con tantas personas.

Gracias a ese viaje, me empoderé, y al verano siguiente, fui a más, realizando un viaje de 40 días por 21 ciudades entre España y Marruecos. También era un voluntariado organizado y me seleccionaron a nivel nacional para poder realizarlo. Mi única condición para ir era que pudieran adaptarme las comidas a mis alergias. Pues bien, fue el viaje más duro de mi vida. Al principio, iba todo bien con  las comidas, hasta que no se me sustituían mis restricciones por nada (es decir; si había tortilla y yo no podía comerla, a mí me dieron un pepino y un tomate). Mucha gente cree que ser alérgico es meramente excluir el alimento que te hace daño; pero habrá que sustituirlo por algo, ¿No crees?. Cuando cambiamos de continente (Marruecos), fue mucho peor. Al principio, comíamos de raciones militares que nos había cedido el ejército, y en los ingredientes había muchos alérgenos que no eran aptos para mí, así que acabé comiendo galletas con mermelada todo el día. Cuando las raciones se acabaron, mi dieta se basaba en pan árabe y cocacola. Del resto, comía cous-cous y verduras cuando en el alojamiento estaba incluido. Comer es una necesidad básica, y cuando tienes hambre y frustración porque en las alergias no puedes decir eso de “bueno, me lo como y ya se me pasará”, sino que, además, corres un riesgo si lo haces, entonces ya no disfrutas de la misma manera de los viajes y eventos.

[Si quieres ver con más detenimiento mis viajes y consejos sobre viajar con alergias, puedes leer el post completo aquí]

UNA ADULTA CON ALERGIAS

Y cuando crees que lo peor ha pasado en la infancia y adolescencia, llegas a la edad adulta y te sigues sintiendo insegura. Sigues escondiendo tus manos y evitando salir a comer con tus amigos por miedo a que no se adapten a ti y no te entiendan. Te sientes incomprendida y víctima de las circunstancias. No entiendes porqué a ti y porqué de esa forma. Crees que eres la única, la más grave y la más excluida. Sacas el látigo y te fustigas a ti misma. Te sientes culpable y te preguntas qué has hecho para merecer esto. Suena muy trágico, pero fue lo que sentía en esa época, así que busqué ayuda fuera del ámbito científico desesperadamente. Acudí a consultas de una terapia llamada Bioneuroemoción, en la que te guían para descubrir el “origen emocional” del síntoma y sanarlo. A mí no me funcionó, así que en ese entonces me resigné.

Al poco tiempo, me detectaron Esofagitis Eosinofílica, una enfermedad rara que consiste en la inflamación crónica del esófago. No se conoce mucho al respecto de ella aún, y se sigue investigando, pero eso me minó aún más. Me hice un test masivo de intolerancias (de esos que analizan 700 alimentos y no sirven para nada ya que no tienen base científica), aunque yo por ese entonces no lo sabía. Tenía conmigo un diagnóstico crónico de alergias, “intolerancias” y esofagitis eosinofílica y estaba al borde de la depresión. No sabía qué comer ya ni qué hacer (cuento toda esta historia al completo aquí).

MI LUZ EN EL TÚNEL

Estoy segura de que las personas que pasan por nuestra vida, aunque luego se vayan, es para enseñarnos algo. Tuve una relación de pareja en la que me aceptaban y me respetaban con mis alergias. Normalmente, no estaba acostumbrada a ello cuando en una pasada relación cocinaban pescado en mi propia casa con todos los vapores peligrosos para mí, me daban besos tras haber comido frutos secos o, simplemente, no sabían ni cómo administrar una adrenalina. Pues bien, en esa relación en la que sí me respetaban y aceptaban, siempre trataban de adaptarme las comidas y buscar alternativas muy ricas; además, me enseñaron a comer, a equilibrar mis nutrientes y controlar lo que comía. Me volví autodidacta aprendiendo sobre nutrición y pude adaptarlo a mí misma. A mí, desde luego, me ganaron mucho por el estómago, porque si hay algo que valoraba, era que me hicieran de comer con mucho cariño. Incluso, fue esa persona la que me salvó la vida en mi última anafilaxia gracias a tener la sangre fría y los conocimientos para poder pinchar una adrenalina cuando yo me había quedado totalmente paralizada. Esa relación me tranquilizó de alguna manera, porque me sentía aceptada y en paz por primera vez en mi vida, así que, tuve la corazonada de que si buscaba la manera de transmitir todos mis aprendizajes con mi experiencia podría ayudar a otras personas que habían pasado por lo mismo.

EL INICIO DE UN PROYECTO DE VIDA

Esa tranquilidad momentánea que perduraba en el tiempo me dio alas para inspirarme y llegar a la conclusión de que había vivido toda una vida indignada, lamentándome y victimizándome por mi situación, y en ese momento podía transformarlo todo. Comprendí que el cambio comienza en uno mismo y no en esperar a que todos cambien o instituciones que no dependan de mí “hagan algo”. Me responsabilicé de mi situación y comencé a investigar, a hablar con muchas personas, a recoger testimonios, a investigar el mercado, ver la legalidad de todos los sectores y buscar una fórmula que me permitiera llegar a los sectores donde somos vulnerables. Porque, amigo mío, la verdad absoluta no la tiene nadie y desde la propia experiencia se pueden sacar cosas maravillosas para ayudar a otros. Creo que todos tenemos una misión en esta vida y yo he descubierto que me hace feliz apoyar y acompañar a personas que han vivido lo mismo que yo, además de ayudar a empresas a adaptarse a nuestro colectivo.

RESUMEN Y REFLEXIÓN

Esto ha sido una pequeñísima y resumida parte de mi vida durante 27 años. Desde luego, haber nacido y crecido con alergias alimentarias en un mundo tan poco preparado para afrontarlas ha sido muy difícil y desesperanzador. He tirado la toalla tantas veces que he perdido la cuenta. Quiero transmitirte un mensaje, a ti que estás leyendo esto y que probablemente te sientas identificado. No podemos cambiar las circunstancias que nos suceden y no dependen de nosotros, pero sí la manera con la que las afrontamos. Las alergias son parte de nuestra vida y cuanto antes nos aceptemos, más fácil será el camino. Rodéate de personas que te empoderen, que te apoyen y que te ayuden. No te dejes victimizar, no eres “un pobrecito” ni lo tuyo es “una put****” . Eres una persona que merece disfrutar de la vida como el resto. Este año, mi compromiso es seguir formándome para ofrecerte y brindarte todo el apoyo que necesites, de manera profesional. Si quieres enterarte de las novedades, descargar una tarjeta gratuita de alergias e intolerancias y, además, acceder a un grupo de apoyo privado, puedes suscribirte a mi newsletter donde semanalmente tendrás noticias mías :) .

PD: ¿Te gustaría leer una Guía en la que se muestren todas las etapas de la vida con alergias? Con más de los 1000 testimonios que he recogido, me he percatado que cada persona está viviendo o ha vivido la alergia desde diferentes perspectivas (madre con hijo con alergia, alérgico desde bebé, alérgico desde niño, alérgico desde adulto...). Con toda esta información y mi experiencia, llevo meses elaborando " Tu ciclo de vida con alergias alimentarias ", un Ebook que podrás obtener muy pronto, donde se ven todas las etapas de la vida en primera persona para que pueda guiarte en cualquier situación en la que te encuentres (te avisaré también a través de la newsletter).

Un #besosintrazas a todo mi #equipotaper

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